
El libreto libertario tiene una particularidad: funciona de maravillas en el púlpito, pero se desintegra ni bien la rueda del mercado empieza a mostrar números rojos.
Este miércoles, mientras Wall Street festejaba la victoria demócrata con el Dow Jones subiendo 1.500 puntos y los bonos de México, Uruguay, Perú, Brasil y Chile respirando aire fresco, la Argentina se quedó sola en el rincón, como el pibe al que no eligen para el equipo. La derrota de Donald Trump no fue una mala noticia para el mundo: fue una pésima noticia para un Gobierno que había construido su estrategia financiera sobre la base de un padrino en la Casa Blanca.
Los papeles ajustados por inflación y los bonos duales pasaron de una jornada apagada a subir más del 4 por ciento. El TZX28 saltó de 361 a 367 pesos, el TXMJ0 superó los 86 pesos y recuperó en una hora toda la caída de noviembre.
El volumen habla por sí solo: a las 16:02 se habían negociado 1,7 billones de pesos en los instrumentos seleccionados, casi tres veces el movimiento habitual. Al cierre, la renta fija en pesos superó los 3 billones de pesos negociados contra un promedio de un billón de pesos.
Los operadores calcularon que las compras atribuibles al sector público rondaron los 2 billones de pesos. Traducido al idioma de la calle: el Gobierno que dice querer dejar todo librado a las fuerzas del mercado salió a comprar bonos a mansalva para frenar la caída.
Y lo hizo concentrando las compras en los títulos con vencimiento posterior a 2028, esos que cargan con el riesgo de atravesar las próximas elecciones presidenciales.
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