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El Pontífice relacionó esos gestos evangélicos con la misión cotidiana de quienes han consagrado su vida al servicio de Dios y de los hermanos.

También evocó las manos de sacerdotes, religiosos y religiosas que han elevado tantas veces el Cuerpo de Cristo, atendido a los enfermos, preparado alimentos y sostenido a quienes ya no podían caminar. En un momento de su homilía, León XIV dirigió la mirada hacia el beato Jacinto Vera, cuyo cuerpo descansa en la Catedral Metropolitana.

El primer obispo de Montevideo fue recordado como un pastor que recorrió los caminos del Uruguay para llevar el Evangelio, socorrer a los pobres, bendecir y administrar los sacramentos. El Papa evocó el testimonio de una religiosa que lo conoció durante años y que, al describir su sencillez, sus palabras y hasta su manera de caminar, afirmó: "De verlo nada más parecía que estaba siempre en oración".

Para el Santo Padre, esa descripción expresa uno de los secretos de la evangelización: parecernos a Aquel a quien anunciamos. Una llamada especialmente relevante en una sociedad donde, como indicó, muchos contemporáneos apenas conocen a Jesucristo y muchos jóvenes han crecido lejos de la vida de la Iglesia.

Por eso, alentó a los presentes a que su manera de mirar, escuchar y acercarse a quienes sufren suscite interrogantes sobre el origen de ese amor. Que quienes se encuentren con ellos puedan descubrir, mediante sus gestos, la bondad de Cristo.

El Papa recordó además que las pruebas pueden convertirse en ocasiones de crecimiento espiritual.

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